jueves, 1 de diciembre de 2022

Matías


En un globo oscuro, 
pero seguro,
vive Matías,
feliz sus días.

En un globo con agua,
el pequeño ahí se fragua.
Trabaja y trabaja,
a todo le saca ventaja.

En un globo frágil
crece ligero y ágil,
El inquieto retoño,
llegará en otoño.

En un globo independiente,
recibe de su madre el nutriente.
Dentro de su casa,
nada sin filtro se deja o pasa.

Al principio era tan pequeño,
el chiquito risueño.
Su cuerpo formó,
de su hazaña noticia llegó.

Ahora todo es revolución,
sus padres lo esperan con emoción.
Va creciendo lentamente,
rodeado del amor de su gente.

Durante nueve meses,
te desarrollas y creces.
Son cuarenta semanas,
nuestro amor allanas.

Cabeza, hombros, rodillas y pies,
pones nuestro mundo al revés.
Juegas, pateas, revoloteas,
también el vientre de mamá pateas.

Pronto llegarás, 
a tu nueva casa te mudarás.
Y, el cuidado de tu familia,
protección y vigilia recibirás.

En un globo gigante,
Matías ahora es un andante.
Se hace persona,
con lo que le apasiona.

domingo, 25 de septiembre de 2022

Me preguntas: ¿si te quiero? No, no solo te quiero, te amo. Mi máxima expresión de afecto se visualiza: en darte todo lo que tengo y en querer tener más de lo bueno e ir desechando lo malo.

Me preguntas: ¿si te quiero? No, no solo te quiero, te amo. Tienes parte de lo que soy, pues el 50% de mí vive en ti y, desde que fuiste concebida, he consagrado mi vida a tus cuidados.

Me preguntas: ¿si te quiero? No, no solo te quiero, te amo. Al mirarte caminar por ahí, siento que mi corazón late, sueña, juega, ríe y llora contigo, a cada momento.

Me preguntas: ¿si te quiero? No, no solo te quiero, te amo. Trato de demostrarlo con hechos más que palabras, como debe de materializarse el amor, ser acción más que solo expresión.

Y, sí todavía preguntas: ¿te quiero? No, no solo te quiero, te amo. No debes tener duda alguna. Por eso te contestaré, cada mañana, al verte despertar con esa sonrisa de sol, con nuestra canción favorita:

"Si te he dado todo lo que tengo,
hasta quedar en deuda conmigo misma.
Y, todavía preguntas: ¿si te quiero?"

martes, 8 de febrero de 2022

Y te busco en mi espacio 4 X 4


Y te busco en mi espacio de 4 x 4 más no estás, el metro cuadrado en el que me encuentro no ha sido invadido, doy piruetas en todo lugar y no te puedo encontrar, el vacío ha crecido, el frío incrementó, el canto de amor surge también desde la ausencia, el dolor y el desconcierto.

 

No puedo extinguir los recuerdos que me hablan de ti, cada espacio hace que mi mente navegue entre memorias, tal parece que voy a naufragar entre mis lágrimas, este barco va a hundirse con la tormenta gris que azota con fuerza mi alma y hace más fuerte el vacío en mi ser.

 

Hay veces en que la sensación extraña de normalidad me confunde, parece que fueras a entrar por aquella puerta o te encontraré en algún rincón, pero al recordar los días pasados, también sé que te has ido y entre los pensamientos que parecen ciertos me pellizco y separo tanto la realidad de la fantasía como la verdad de las mentiras, en las que intento permanecer sumergido(a)

 

No, no ha sido un mal sueño, lo he vivido, te has marchado, has partido, ya no estás en el nido, no hay jaula que te aprisione, has levantado tus alas, emprendiendo en viaje al cielo y la esperanza del retorno material ha perecido, trayendo la promesa de volvernos a ver, algún día, por toda la eternidad.

viernes, 26 de noviembre de 2021



Querrán cortas mis alas, pero no dejaré que lo hagan, después de todo: aprendí a despegar, voy sintiendo el viento, las nubes, la alegría, la paz y la libertad, aún cuando haya días en los que el sol caliente mis alas y me permita iniciar el vuelo y otros en los que sea tan fuerte que las quiera quemar o tal leve que las quiera congelar, así como, aquellos de tempestad, en los que estoy aprendiendo a refugiarme, a esperar y a mantener el norte, hasta que todo pueda pasar.

Querrán cortar mis alas, pero no dejaré que lo hagan, después de todo: aprendí a volar a mi ritmo, a mi altura y a mi velocidad, sé que me espera mucho más que el horizonte y no estoy dispuesta a renunciar, darme por vencida o claudicar, seguiré firme incluso con el aire, el clima y otros obstáculos en contra, pues sé cuando debo migrar con la llegada de cada invierno y dónde quedarme con la búsqueda de cada verano, no por conveniencia sino por necesidad.  

Querrán cortar mis alas, pero no dejaré que lo hagan, después de todo: aprendí a sobrevivir, a dejar el temor atrás y a enfrentarme al qué dirán y al que diré, no dejaré que mis pensamientos saboteen mi viaje ni me permitiré ser mi propia enemiga, le pediré a Dios, el que creó mi vida, que me vuelva a recordar, cada mañana, que así como el águila se puede renovar, en doloroso proceso, puedo yo también hacerlo una vez más, porque el valor está en levantarse no en la caída. 

miércoles, 25 de agosto de 2021

No soy una mujer ni una madre afgana

No soy una mujer afgana, pero sí una ecuatoriana, que al pensar en ellas no puede evitar llorar. He podido elegir mi fe, mi dogma y la espiritualidad que deseo profesar, con libertad. Cada día puedo elegir el tipo de vestimenta que quiero usar. He podido viajar, estudiar y soñar, sin que nada ni nadie límite mis anhelos, por más altos, ambiciosos e inalcanzable que estos parezcan, a la mirada de quienes me ven crecer.

No soy una madre afgana, pero sí una ecuatoriana, que al pensar en ellas miro a mi hija que crece sin restricciones, prohibiciones o limitaciones ideológicas. Tiene vida, libertad y libre albedrío para hacer su camino, incluyendo los inevitables tropiezos, caídas y puestas de pie. Entonces, no comprendo como en el mismo planeta, la diversidad del pensamiento hace que algunos vayan a extremos violentos y coercitivos.

No soy una mujer afgana, pero sí una ecuatoriana, que le duele saber que algunos lugares se ha detenido el tiempo, el desarrollo socioeconómico no es el mismo y, al parecer, las esperanzas mueren con cada niña, adolescente o mujer que es forzada al encierro, al silencio y a la sumisión, quedando pocas opciones: obedecer, huir o escapar sin mirar atrás, dejando lo poco con el manto cómplice de la noche.

No soy una madre afgana, pero sí una ecuatoriana, que le duele saber como otras madres prefieren entregar pequeñas, en manos de algún desconocido, con el propósito de que sobrevivan a un mañana fuera de toda forma de opresión, persecución e ignominia. En verdad, debe ser desgarrador no volverlas a ver jamás o quien sabe algún día, cuando al final del horizonte se descubran con tan solo mirarse. 

martes, 1 de junio de 2021

A quién confiamos nuestro tesoro

Porque donde esté vuestro tesoro, allí estará también vuestro corazón (Mateo 6: 21)


Quién alguna vez aseveró que “tener un hijo era como tener tu corazón caminando fuera de tu cuerpo”, tenía toda la razón. Hoy por hoy, como padres miramos el mundo con temor, porque a lo bueno se le llama malo y lo malo comienza a visualizarse como bueno.
 
Es por eso que muchas ideologías intentan colarse por las bases, entrar a las mentes de los más pequeños, no en vano Jesús decía: “que de los niños es el reino de los cielos” (Mateo 19: 14), porque entre todas las cosas que caracterizan a los infantes, se encuentra a más de su ternura esa inocencia, que los hace soñar, creer y confiar en las palabras y actitudes de los demás. Inocencia que permite mirar lo bueno del adulto, convertirlo en héroe protector, pero resulta que, en muchos casos, el protector se puede volver el perpetrador, el acosador o el abusador.
 
Nuestra preocupación en estos días viene de pensar a quién confiamos nuestro tesoro: ¿Quién cuida de nuestros hijos cuando vamos a trabajar?, ¿Cuáles son los amigos que ingresan a nuestro hogar? ¿Cómo está su mente y su corazón?, ¿Qué es lo que observan en nuestro hogar o a través de la televisión, la tableta o el smart phone?, ¿Cuánto tiempo de calidad compartimos con ellos?
 
Hace unos años atrás, miraba como una madre embarcaba a su hija en un taxi, para que el chofer la llevara a la escuela, al parecer salía de una consulta médica del lugar donde la madre laboraba y me quedé sorprendida, entristecida e incluso preocupada, al mirar este hecho, porque por aquellos tiempos otra menor de la localidad había sido raptada, secuestrada, violada, asesinada y sus restos abandonados, en el acto de más cruel perversión humana.
 
Como quisiera un mundo en el que los empleadores buscaran alternativas para que las madres también pudieran cuidar a sus hijos, como: trabajo desde casa; espacios adecuados, dentro de los edificios y oficinas, para que los niños se mantengan cercanos a sus progenitoras; o, flexibilidad horaria para que pueda compartir momentos en familia como el encuentro en torno a la mesa. Todo parece una utopía, en la postmodernidad, pero se vale soñar, soñar en que los adultos tengamos como prioridad la protección, el cuidado y la integridad de los niños y las niñas de todo el mundo, quienes se irán haciendo individuos, personas y seres humanos sanos, felices y plenos de norma, principio y valor.

sábado, 20 de marzo de 2021

Al llegar a casa de mamá

Al llegar a casa de mamá, el corazón se ensancha y el cuerpo también. La lista de comidas a probar, se va reduciendo paulatinamente, con el paso de la temporal estancia, por ejemplo: la colada morada de noviembre se prepara en marzo, las empanadas son horneadas y la higuera sabe que sus frutos tendrá que entregar, porque quien la plantó, protege y cuida, le encanta preparar pan con higo y queso, pastel de higo, helado de higo y, mejor, no sigo.

Al llegar a casa de mamá, la felicidad me sobrepasa, los abrazos contenidos son entregados, los días pasan volando y las noches se acortan. Se duerme poco, producto de largas conversaciones, pero se disfruta mucho el calor de hogar.

Al llegar a casa de mamá, afloran tantos y tan bonitos recuerdos de la tierna infancia, ahí me siento consentida, mimada y cuidada. Tomo y recupero las fuerzas para continuar la batalla.

Al llegar a casa de mamá, entiendo que soy afortunada, que los momentos de felicidad se encuentran en cualquier lugar, que Dios nos regala una mañana más y soy bendecida de poderlos disfrutar junto al ser que más amo y me ama en todo el mundo, sin pedir nada a cambio, de forma incondicional, porque es amor de verdad.

jueves, 18 de marzo de 2021

La nena ha crecido

La nena ya no está en el vientre, ya no tiene meses y ya no tiene un año, el tiempo ha volado y se ha hecho tan grande.

Parece que fue ayer, cuando la sostenía en mis brazos, le cantaba canciones de cuna y la acurrucaba en mi regazo. 

La nena ha crecido y todo va cambiando: dejó la mecedora, su lugar de sueño preferido, mis cantos nocturnos se han extinguido y el llamado: “mamá”, a media noche, ya no se ha oído.

La nena ha crecido, pero todavía sigue siendo mi pequeña niña, la que en alguna ocasión me pide que la acompañe hasta quedarse dormida, mas no sé hasta cuando tenga esta dicha en mi vida.

La nena ha crecido y lo sigue creciendo, son años que pasan fugaces, son momentos que se transforman en recuerdos especiales y es tiempo que no se recupera más. 

La nena ha crecido, lo seguirá haciendo y un día se hará mujer, un ser humano: único, empoderado y dueño de sí. 
Un día, mi niña dejará el hogar, por conquistar sus sueños, hacer su nido y formar su propia familia, es por ello, que mientras esté a mi lado, la tendré que disfrutar a cada instante, para fortalecer el vínculo, de tal manera que solo nos separe: la ausencia temporal física, porque nuestras almas, espíritus y corazones siempre estarán conectados.

miércoles, 17 de marzo de 2021

Nuestras vasijas

Hoy, no quiero continuar mi actividad diaria, sin llenar mi vasija; este recipiente, no tiene nada que ver con mi cuerpo, sino con mi alma. Alma que me dice, que hable con el Creador, que alimente mi vida en el espíritu y que "como el ciervo que brama por las corrientes de las aguas, así clame por Dios, hoy, el alma mía" (Salmos 42:1)

Porque es bueno llorar ante la presencia del Eterno, al realizar una oración; y, es oportuno soltar las preocupaciones, todas esas cargas, hacer las paces con nosotros mismos, y con el mundo, se trata de vaciar lo que no deba estar ahí, cohabitando con nuestro ser interno, siempre frágil, delicado y sensible.

Elevar nuestras peticiones, sin olvidarnos de agradecer por quienes están junto a nosotros y por todo lo que podemos tener, incluso sin merecer.

Esta vasija, necesita estar llena para poder derramar gracia y bendición a quién lo necesite, contenida de escucha, discernimiento, consuelo, consejos, palabras de aliento, oraciones, sonrisas, lágrimas y otros actos de amor, bondad y actitud cristiana, que demuestren que hay esperanza para la humanidad.

En este momento, puedo comparar mi vida a una vasija en manos del alfarero, una pieza de mucho cuidado, difícil de moldear, con grietas que han sido reparadas, selladas al calor del fuego de la experiencia y que permiten contener los dones y las gracias del Espíritu Santo, al servicio de los demás.

Por esto, quizá en estos días, será oportuno revisar nuestras vasijas, para: vaciarlas, repararlas y llenarlas, pues debemos ser "sal y luz del mundo" (Mt. 5, 13-16), "agua viva", desde nuestro discipulado en Cristo, "camino, verdad y vida" (Juan 14, 6)

viernes, 1 de enero de 2021

La lista infinita de deudas


Tengo una lista infinita de deudas pendientes que no me alcanzaría la vida para pagarte. Me declaro deudor(a) eterno(a), sin posibilidad de saldar mi compromiso. Una vida en banca rota y aun sabiendo aquello, no doy todo lo que tengo, sigo pidiendo más y más y tú entregando más y más. Tú, nuestro acreedor amoroso: no exiges, no presionas, no demandas, no estableces causas procesales y no embargas, sino que esperas con paciencia que te entregue aquello que para otros es insignificante, mas para ti lo más preciado: mi corazón.
 
Este corazón que anhelas feliz y pleno, por eso me entregaste la vida, la libertad y el libre albedrío, para que sea yo quién tome las decisiones de mi camino.
 
Este corazón que los humanos insistimos en apresarlo, apegándonos a cosas materiales, propósitos vacíos o sentimientos negativos que nos hacen tanto daño.
 
Este corazón por el cual entregaste tu vida en el calvario, cargando una pesada cruz, por el cual “el verbo se hizo carne y habitó entre nosotros” (Juan 1:14)
 
Tú, amado Cristo, conjugaste de manera perfecta las palabras y los hechos, enseñándome desde el amor que ambos van de la mano.
 
Tú, Jesús de Nazaret, sabes que a más de ver y sentir el ser humano necesita también escuchar, el mensaje que viene del cielo, llamado: salvación y vida eterna.

Tú, mesías esperado, me enseñaste que un te amo pierde sentido sin una acción y que una acción necesita un te amo para ser sincera, profunda y fértil.
 
Por todo esto son tus actos y tus palabras por siempre recordados.
 
Quizá, algún día, la humanidad pueda entender, para en verdad humanizarse, que la tarea es seguir tu ejemplo, practicar tus enseñanzas y ser fieles discípulos de quien es “camino, verdad y vida” (Juan 14:6), “amando al Padre Eterno sobre todos las cosas y al prójimo como a sí mismo” (Mateo 22:36-40), con cada palabra y con cada actitud que se entrega como un acto de fe, de esperanza y de caridad.

miércoles, 23 de diciembre de 2020

Despedidas

Mireya Patricia Bernal (coautora) - Adrián Felipe Vásquez (coautor/editor)

Dicen que, en la vida lo único seguro que tenemos es la muerte, cuán cierto es esto, dos palabras contrarias, pero a la vez íntimamente relacionadas por un hilo tan delgado que serían los momentos que aún tenemos para vivir.

Muchos vivimos por vivir, sin pensar en cómo deseamos hacerlo y no se trata solamente de los anhelos que esperamos cumplir, sino de la actitud ante los obstáculos que se nos presentan.

La manera cómo viviremos nuestro último día es algo difícil de imaginar, porque la muerte llega muchas veces sin avisar, salvo cuando padezcamos de alguna de las cinco grandes enfermedades: rara, crónica, terminal, incurable o catastrófica, donde el cuerpo y la mente se van desgastando y con ello la llama de nuestro ser.

Y de lo anterior, lo difícil son las despedidas, pues siempre tienen un tono nostálgico, de dolor y de sufrimiento humano. El dejar partir al ser amado, no es fácil, muchas veces nos aferramos a su presencia física, sometiéndolo a lo que sea necesario aun cuando la consecuencia sea que pase el resto de sus días anclado a una cama, con asistencia artificial y dependiendo del cuidado del otro.

Nuestro caso, si llegáramos la agonía, nuestros últimos momentos serían para ponernos a cuentas con Dios, aunque es algo que lo debemos hacer cada momento, pedir perdón o perdonar y arrepentirnos por aquello que hemos hecho mal. No quisiéramos clínicas, solo ir a aquel lugar que nos produce paz o mejor dicho estar en paz. De seguro, muchos de nuestros familiares ancianos querrían eso, vivir cerca de los suyos en comunión, que los lleven a aquel lugar donde sienten tranquilidad y vivir sus últimos momentos fuera de una fría, sola y triste cama de un hospital.

Sin duda, despedirse es difícil, doloroso, incómodo, pero conforme vivimos nos enfrentamos a las despedidas, para algunas no estuvimos preparados porque llegaron de forma inesperada, otras ya son anunciadas, lo cierto es que mientras respiremos más “hasta pronto” tendremos.

Con cada año que termina es otro que ya no tenemos, a lo que sumamos otras pérdidas, resaltan las personas que se han ido.

El sentimiento de pérdida será inevitable, porque lo único seguro que tenemos en la vida es la muerte, como la otra cara de la moneda, por eso hay que disfrutar de cada instante a plenitud. 

jueves, 19 de noviembre de 2020

Cuadernos de la escuela

 

Quisiera tener en mis manos mis cuadernos de escuela y mirar las letras chuecas que no respetaban reglas. Quisiera mirar el rojo, señalando mi respuesta incorrecta en las sumas y restas, marcadas por mi maestra. Quisiera encontrar la libreta escolar, que me cuente de manera superficial lo que la memoria me ha hecho olvidar; de seguro, habría un baile de notas altas, promedio o menores. Quisiera poderle contar las veces que cometí faltas, las peleas con las compañeras, los golpes a los niños del grado, los insultos que alguna vez de mi boca salieron; pero no, la adulta no los puede contar, porque estaría reconociendo que también fue niña y una niña imperfecta.

Con qué autoridad le diría: “saluda”, “presta atención”, “esa palabra es inadecuada”, “evita gritar”, “no golpees”; sin embargo, siento que se me olvida que alguna vez también fui niña. Aquella niña que aprendió en el camino a leer, a escribir y calcular, que vuelve a recordar y a cursar la escuela, ahora acompañando a su pequeña.

Me he convertido en una adulta que olvidó las veces que sus líneas rectas se volvieron curvas y ahora se frustra cuando su hija no entiende que la línea inclinada deberá pasar por el centro de los cuadros, que las letras deben respetar los límites y espacios, que la sílaba “ma” no sueña “pa” ni que “be” no se escribe “de”. No dejo de increpar: “presta atención, es hora de estudiar”, mientras ella no deja de colorear dibujos y habla sin parar. Todo se vuelve una revolución, mientras una mamá más cae en la frustración, hasta que tengo que reconocer que no hay perfección; y, así entender, que ella al igual que lo fui yo es una niña más y que me tocará, como adulta, una vez más encontrar otro medio para intentar encaminar a la pequeña, que ahora me toca guiar.

No tengo en mis manos mis cuadernos de escuela, porque una imagen habla más que mil palabras, así que intentaré cada vez que vaya a perder mi paciencia, cerrar mis ojos, respirar profundo y recordar los instantes borrosos en que la adulta exigente, era una niña que también aprendía día a día, paso a paso, a través del ensayo y error.

jueves, 13 de agosto de 2020

Mi ángel voló

Mi ángel partió,
hoy al cielo se fue,
lo quisimos retener,
pero abrió sus alas y voló.
 
Dejó su cuerpo,
que lo ataba a la tierra,
una serie de recuerdos
y profunda pena.
 
Mi ángel partió,
no lo podemos creer
y menos entender,
nos aferramos a él.
 
Hicimos lo que el doctor recomendó,
sin embargo, al parecer, de nada sirvió,
mi ángel partió, lo vi sonreír, luchar,
batallar sin cesar, todo lo dio.
 
Sé que anhelaba con nosotros estar,
pero su espíritu también quería retornar,
deseaba en casa del Eterno descansar
y desde el cielo de nosotros cuidar.

Hoy sentimos un indescriptible dolor,
peso y vacío en el corazón.
Hoy, buscamos para el alma,
calma, consuelo y resignación.
 
Sabemos que volvió al Creador,
está en la presencia del Señor,
en la patria celeste el soñador,
mi pequeño ángel volador.

jueves, 11 de junio de 2020

Hoy te pido Señor sabiduría



Como padres podremos enseñarte algunas cosas; aprenderás en la escuela ciencias como Historia, Literatura o Matemáticas; conocerás, quizás otras culturas, lenguas o costumbres; y, a lo mejor, serás diestro(a) en algún arte, sabrás: pintar, escribir, danzar, cantar o ejecutar un instrumento musical. Quién sabe qué lograrás, hijo(a) mía…

Más nos gustaría que, a la luz de la Palabra, descubras la historia de la salvación y conozca sobre el amor del Creador, al leer cada noche, antes de que concilies el sueño, los relatos bíblicos de Adán y Eva, David y Goliat, Moisés… pero sobre todo de Jesús, quien un mandamiento nuevo nos dio: “amar a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a ti mismo” (Mc 12, 28b-34); además, de aprender a dar, a perdonar y a ser mejores seres humanos.

Nos escucharás, constantemente repetir, a manera de una exhortación, moraleja y corrección: “…no imitéis lo malo sino lo bueno…” (1 Juan 1:11), “no seas vencido de lo malo sino vence con el bien el mal” (Romanos 12:21), “el que no ama no ha conocido a Dios porque Dios es amor” (1 Juan 4:8), “honra a tu padre y a tu madre…” (Efesios 6:2) y así una larga lista de versículos, que utilizamos para que seas alguien bella por dentro, con valores cristianos.

Sin embargo, a veces nos preguntamos: ¿cuánto de aquello queda en ti?, ¿seremos buenos maestros? o, ¿estarás aprendiendo, como es nuestro deseo, sobre empatía, tolerancia, paciencia, compasión, bondad…?

¡Hijo(a) mío(a)!, sabemos que aprendes más por hechos que por palabras y que en este intento de moldear tu vida, de ir pintando juntos las páginas de tu historia, no solo papá y mamá sino también, de alguna manera, con quienes te rodean y van apareciendo en tus dibujos.

Queremos para ti tantas cosas, pero todo aquello pierde sentido, cuando se enfrenta a lo esencial, a lo que serás desde lo espiritual, a la luz que podrás proyectar. Anhelamos que recuerdes siempre: que eres amada por Dios y que tu mejor modelo a seguir es Cristo.

Por eso, hoy pedimos una vez más a Dios: infinita sabiduría, mucha paciencia, amplia tolerancia y todo aquello que pueda faltar para que te podamos conducir por el camino correcto.

miércoles, 10 de junio de 2020

Y, nació la madre...


Y nació la madre, aquella que vivía dentro de mí, cuando jugaba a las muñecas, la que se enternece al ver niños pequeños y la que soñaba despierta con ser una mujer perfecta.

Y nació la madre, cuando tu embrión fue observado por el Creador como lo hizo conmigo y con todos los individuos en la historia de la humanidad. 

Y nació la madre, al darme cuenta que mi cuerpo se ensanchó y con él: mi corazón, ese corazón que no sabía que era capaz de amar, con tal magnitud.

Y nació la madre, cuando en mi cuerpo te albergue, mi vientre te meció y mis ojos te miraron por primera vez, haciéndome sentir como nunca me había sentido. 

Y nació la madre, en el instante mismo en que mis manos te tocaron y mis brazos te acurrucaron hasta que dejaras de llorar, te durmieras o te sostuvieron para que te alimentaras.

Y nació la madre, desde ese entonces aprendí tantas cosas y las sigo aprendiendo, tú mi pequeña maestra y a la vez mi gigante aprendiz... un motivo más para vivir.

Y nació la madre, entonces comprendí que la perfección no existe, peor aún en la maternidad: una carrera continua, con materias complicadas de aprobar.

Y nació la madre, donde el amor, la paciencia y el dominio se tienen que atesorar como los verdaderos tesoros, para una crianza positiva.

Y nació la madre, en el momento que acepté la mujer fuerte que había en mí y hoy puedo ver con claridad: como la vida, a través de la maternidad, me ha ido transformando.

Y nació la madre, la mujer maravilla ante tus ojos, una súper luna llena, aunque a veces me vea incompleta y aparezcan las otras etapas de mi ciclo.

Y nació la madre, con ella la renacido la mía porque me he visto cantando las canciones de cuna que escuchaba en mi niñez, repartiendo besitos por doquier y poniendo en todo el corazón.

Y nació la madre, aquella que puede comprender que para que estés bien tengo que estarlo también, que aprendió a ser madre viendo a su propia madre, ejemplo de vida.

Y nació la madre, quien reflexiona en lo impactante que puede ser una palabra o una actitud e intenta, en cada momento, ser la mejor versión de sí misma.

Y nació la madre, la persona que puede pedir perdón cuando comete alguna equivocación, la que entiende que no todo depende de sí y la que siempre pone a Dios primero.

Y nació la madre, ese ser humano que reconoce con humildad sus limitaciones, dobla sus rodillas y pone en  sus oraciones diarias a sus hijos.

Y nació la madre, naciste tú, nació ella, nací yo...

miércoles, 27 de mayo de 2020

La hora nazi


¿Vamos mamá, ya es la hora nazi?, me dijo mi hija y, asombrada, traté de identificar a lo que se refería. ¡Mamá, ya es hora, huyamos!, enfatizó. Fue entonces cuando recordé, que el día anterior, a manera de broma, le había dicho que me sentía como Ana Frank, cuando se escondía de los nazis, al referirme al momento en que su padre tenía una transmisión online o en vivo y para impedir el bullicio propio del hogar, teníamos que encerrarnos en la habitación, lejos del estudio, al otro lado de nuestra casa.

"Vamos Amelia Frank, ¡huyamos del nazi!", exterioricé bromeando un día y con el anhelo de que ella me acompañe, dejando a su papá hacer su trabajo; más, resulta que, desde ese momento, ella reconocería aquel momento como: "la hora nazi", aunque para mí, la adulta, que conoce la connotación histórica de este término: suena feo y se lo haya explicado, para ella, es el momento que anhela con alegría e implica que mamá se reúna con ella sin intromisión alguna y juntas: hagamos alimentos con plastilina, fabrique juguetes con material reciclado, confeccionemos vestidos para sus muñecas, cantemos, leamos un cuento, inventemos historias... juguemos... es el espacio único, exclusivo y especial de madre e hija. 

Ahora, cada vez que sabe que a mi esposo, le toca hacer consultas, conferencias, asesorías y el largo etcétera de sus actividades cotidianas, le señala: “dile a mamá, que ya es la hora nazi", o pregunta: ¿Cuándo va a ser la hora nazi?

sábado, 16 de mayo de 2020

Mamá turbo



Mamá turbo: se ha levantado con el canto de las aves, se ha reportado con Dios, elaborado el desayuno, adelantado el almuerzo, lavado platos, tendido camas, alistado para el trabajo y también a su pequeña para ir a clases, todo esto antes de las 08:00, para comenzar una nueva jornada y el resto de sus labores cotidianas.

Mamá turbo, se ha vuelto más organizada: madre todo el tiempo, maestra de mañana o por las tardes con poca experticia, pero en el intento, porque ha entendido que hay que adaptarse a las circunstancias.

Mamá turbo, pasa todo el tiempo en actividad, intenta darse respiros, aunque hay días que no lo consigue; también, se le agotan las baterías y después de cumplir con la rutina de: hacer dormir a la nena, ir a su momento de belleza y de alistarse para ir a la cama, esperando que la oscuridad de la noche y el silencio nos acojan, para por fin salir y respirar profundamente, aunque tenga que aprovechar para cumplir con otra actividad pendiente del trabajo, la universidad o la casa, antes de irse de verdad a la cama.

Para mamá turbo, hay veces en las que no es fácil lidiar más que con el trajinar, con el no poderse desdoblar, con la necesidad de apoyo sin reclamos, con el que el otro (su esposo) pueda ver más allá y entender que: un hijo también se lava los dientes y que cuando son pequeños hay que recordarles constantemente, que un hijo también se peina, se coloca la pijama para dormir, que cuando son pequeños necesitan ser acompañados en las tareas y que nosotras como madres por trabajo, estudio y otras ocupaciones, no podemos estar todo el tiempo, haciendo todo y de todos.

Mamá turbo, en ocasiones, tiene la batería baja y tan solo, como ahora, necesita desahogarse y entender que lo importante es intentar sin darse por vencida, dando lo mejor de sí misma, sea o no comprendida, valorada o reconocida.

domingo, 10 de mayo de 2020

Mi súper luna


ALLÍ ESTARÁ SIEMPRE MI SÚPER LUNA, 
AUNQUE EL DÍA O LA NOCHE,
NO ME DEJEN OBSERVARLA, 
CONTEMPLÁNDOME COMO UN SATÉLITE, 
QUE SOBRE ESTA TIERRA SUELE GIRAR.

ALLÍ ESTARÁ SIEMPRE MI SÚPER LUNA,
MOSTRÁNDOME SU AMOR INCONDICIONAL, 
CON SU VIENTRE HECHO CUNA, 
CON SU DESVELO ESPECIAL.

ALLÍ ESTARÁ SIEMPRE, MI SÚPER LUNA, 
ALEGRÍA PARA MI CORAZÓN, 
COMPAÑERA DE VIDA, 
MADRE QUERIDA. 
PORTADORA DE ALIENTO,
CON CADA ORACIÓN.

 ALLÍ ESTARÁ SIEMPRE MI SÚPER LUNA, 
A PESAR DE QUE A VECES 
SE SIENTA INCOMPLETA, 
YO LA VEO TAN LLENA, 
TAN BUENA, TAN GRANDE,
QUE ME ES INPOSIBLE DESCRIBIR:
TODO LO QUE ELLA ES PARA MÍ.
NO ME CONFORMO CON DECIR,
QUE ELLA ES MI SUPER LUNA:
MI AMADA MADRE.